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...El Sabbath De LAz MuHerEs: ReklAmandO el Poder de la MenstruatiOm...

El Sabbath De Las Mujeres:
Reclamando el Poder de la Menstruación


_______________________________________

por Lara Owen, M.P.W.

(Parte de este material está incluido en el libro de Lara Owen
Her Blood Is Gold: Celebrating the Power of
Menstruation
Harper San Francisco, 1993)


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Solía pensar que mis períodos eran una molestia, una sucia intrusión
que incrementaba la lavandería y causaba un montón de síntomas
desagradables incluyendo cansancio y dolor debilitante. La
menstruación
interfería con mi vida sexual, mis actividades atléticas
y mi nivel de energía. Causaba cambios erráticos de temperamento,
irritabilidad y un mal humor destructivo e imparable. Además costaba
dinero - en toallas y tampones para absorber la sangre, en ropas
arruinadas,
en tiempo perdido en el trabajo. Era un saboteador ruin y solapado que

siempre llegaba en el momento más inoportuno.

A pesar de este prédica de aflicción, no estaba totalmente en su contra.
Cuando mi período llegaba, había siempre una parte de mí
que se sentía complacida. Significaba que estaba saludable y fértil
y que todo estaba funcionando apropiadamente. Sangrar me producía
cierto orgullo que sentí intensamente durante mi primer período,
pero ante la ausencia de cualquier aprobación externa, aquel
sentimiento
placentero desapareció gradualmente.

Una amiga judía me contó que cuando tuvo su primer período su madre la abofeteó.
Con asombro ella reclamó: "¿Por qué hiciste eso?" Su
madre respondió: "No lo sé, mi madre hizo lo mismo, es la
tradición." Recibir una bofetada cuando una se vuelve mujer —ése
es un punto interesante acerca de cómo es vista la naturaleza
femenina.
Tal vez se trate de un intento por eliminar el sentimiento de orgullo
que llega con la primera sangre.

Algo más acabó por quitarme el sentimiento de orgullo y creo que fue la ausencia de ceremonia. Sentía internamente que algo verdaderamente
asombroso y mágico estaba ocurriendo, y sin embargo todos a mi
alrededor lo trataban como algo trivial. Tenía una sensación
de logro, con tintes de excitación, curiosidad y pena. También
recuerdo una vaga conciencia de un futuro vasto y desconocido.
Intuitivamente
sabía que era un acontecimiento muy importante en mi vida —y no
obstante nadie dijo nada al respecto, excepto para darme algunas
toallas
sanitarias. Creo que mi madre se sintió complacida —después
de todo, significaba que estaba sana y creciendo normalmente— pero yo
necesitaba más que eso. Necesitaba una ceremonia, una fiesta, algún
gozoso reconocimiento público de este gran evento en mi desarrollo.
Pero nada sucedió. Conforme pasaban los meses sentía cada
vez más la vergüenza y cada vez menos la excitación y el
orgullo que habían brillado momentáneamente con la primera
sangre.

En casa, mis períodos eran algo que debía mantenerse oculto de mi padre
y mis hermanos. Si tenía que mencionarlo, hablaba en voz baja y
preferiblemente con mi madre a solas. Poco después de iniciados
mis períodos, durante un viaje familiar, tuve que pedirle a mi
padre que detuviera el auto pues necesitaba ir a la farmacia. Por
supuesto
que quiso saber qué necesitaba comprar. Recuerdo un sentimiento
horrible cuando le dije que necesitaba comprar toallas sanitarias. Era

una peculiar mezcla de vergüenza, orgullo y pena absoluta. Él se
portó muy bien al respecto, según recuerdo, y nunca dijo
nada que me hiciese sentir avergonzada. Pero de alguna manera esa
vergüenza
siempre estaba en el fondo de mis pensamientos, y afectó toda mi
relación con el mundo externo.

En la escuela, la menstruación era algo que no debía ser mencionado sino
en clase de biología. Toda la información que recibí
acerca de la menstruación era puramente física. Había
período porque no había embarazo, y el flujo menstrual era
simplemente el revestimiento descartado que el útero producía
para un posible feto. Mis amigas y yo lo discutíamos y, en ausencia
de mayor información, decidimos que el cuerpo femenino estaba
pobremente
evolucionado —toda esa sangre y ese escándalo por años y años,
cuando sólo necesitabas tenerlo una o dos veces para tener niños.

La imagen que la sociedad me dio a través de la publicidad era confusa. Los anuncios

de tampones mostraban ágiles chicas en bikinis corriendo alegremente
hacia el mar y muchachas en ajustados jeans blancos saltando a
caballo.
Esto no correspondía para nada con mi experiencia de letargos y
cólicos, y sabía que ninguna mujer en su sano juicio confiaría
tanto en un tampón como para salir a pasear en pantalones blancos.
¡Bah! Seguramente fueron hombres quienes escribieron esos anuncios.

Aún así yo sentía que debía ser como las muchachas de los anuncios de Tampax y que algo malo había en la manera en que mi cuerpo y
mente se comportaban —que una muchacha normal no debería sentir
diferencia alguna durante su período, y que no había nada
que a ella le gustara más que subirse a un caballo y galopar hacia
alguna aventura mientras ese bonito tampón le permitía olvidar
que estaba menstruando. La vergonzosa realidad era que yo ni siquiera
podía introducirme un tampón. No solamente no encajaba en
el estereotipo, sino que además estaba mal armada. Me sentí
decididamente inadecuada hasta que finalmente lo logré. Entonces
comenzó el proceso de imaginarme que yo no estaba menstruando en
absoluto.

Consideraba a mis períodos como una inconveniencia y eso era todo. Si eran
dolorosos,
tomaba un calmante - se llamaba "Feminax" y contenía una poderosa
mezcla de ingredientes diseñados para acabar con cada uno de los
síntomas
de la menstruación, incluso cafeína para menguar la depresión
y el letargo. En época de exámenes escolares, conseguía
medicamentos para retrasar mi período hasta días más
convenientes, cuando el furor de las hormonas pudiera asaltar el lado
izquierdo de mi cerebro sin afectar mi futuro académico. Nunca
me mencionaron nada acerca de las ventajas de experimentar un estado
de
conciencia diferente una vez al mes, porque nadie sabía nada.

A los 18 años comencé a tomar la píldora y al principio me complació
que mis períodos se aligeraran y se volvieran tan predecibles.
Me tomó varios años darme cuenta realmente de que la razón
para la ligereza de mis períodos era que se trataba de períodos
falsos. Noté que me volvía cada vez más sensible
y enojada durante mis supuestas menstruaciones, así que decidí
suspender la píldora. Después de un par de meses me sentí
"yo misma" otra vez y me di cuenta de que, a pesar de lo conveniente
que
resultaba la píldora, en realidad me había sentido traicionada
con esos períodos ligeros. Ahí fue cuando comencé
a darme cuenta de que menstruar era una parte importante de mi vida,
un
ritmo del cual dependía para mi salud psíquica y física,
y que ignoré o suprimí bajo mi propio riesgo.

En otras culturas, en vez de ser ignorada, la menstruación ha sido considerada (y
en algunos casos aún lo es) como un tiempo especial y sagrado para
las mujeres. La abundancia de símbolos relativos a la mujer
encontrados
en excavaciones en lugares antiguos de Europa y el Cercano Oriente
sugiere
de manera enfática que dichas culturas eran matrifocales y
reverenciaban
a la Diosa y a los procesos del cuerpo femenino. Las prácticas
rituales estaban ligadas al sangrado mensual de las mujeres y la
sangre
menstrual era altamente valorada como poseedora de poderes mágicos.
La palabra ritual viene de "rtu", que significa menstruo en sánscrito.

En la época anterior al sacrificio de seres vivos, la sangre menstrual

se ofrecía en ceremonias. La sangre menstrual era sagrada para
los Celtas, los antiguos Egipcios, los Maorí, los primeros Taoístas,
los Tantristas y los Gnósticos.

Los Nativos Americanos comprendían muy bien los diferentes sentimientos que las mujeres
experimentan cuando menstrúan y para ellos estos sentimientos formaban

parte de algo muy importante en los ciclos del cuerpo femenino. Las
mujeres
se retiraban a un recinto especial a pasar su sangrado. Se le
consideraba
ser el tiempo en que una mujer se encontraban en el nivel más alto
de su poder espiritual, durante lo cual la actividad más apropiada
era descansar y acumular sabiduría.

La tribu Yurok del norte de California poseía una cultura espiritual muy desarrollada

basada en el ritmo del ciclo menstrual para las prácticas rituales
no sólo de las mujeres sino también de los hombres. Las
mujeres acostumbraban retirarse "en masa" durante la luna nueva por un

período de diez días. Durante ese tiempo los hombres se
concentraban en el "desarrollo interno", en ceremonias y meditación.
Mientras los adultos estaban ocupados acumulando poder espiritual, los

niños eran cuidados por los ancianos de la tribu. Todo el trabajo que
los adultos tenían que hacer se concentraba en los otros días
del mes.

Cuando los hombres blancos entraron en escena, "el mundo se paró de cabeza". Las
actitudes
hacia la menstruación cambiaron y las muchachas fueron adoctrinadas
por sacerdotes en vez de las ancianas de la tribu. En vez de
enseñárseles
que una vez al mes sus cuerpos se volvían sacros, se les enseñó
que se volvían inmundos. En vez de retirarse a un recinto a meditar,
orar y celebrar, se les enseñó que estaban enfermas.

En 1986 conocí a un maestro de las tradiciones Nativo Americanas. Me enseñó que
una mujer menstruando tiene el potencial de ser más poderosa física
y espiritualmente que cualquier hombre o mujer en cualquier otro
momento.
Aquello volteó de cabeza mis condicionadas representaciones de
la realidad. Yo siempre había experimentado mi menstruación
como un período de debilidad y dificultad. ¿De qué
podría estar hablando aquel hombre?

Me indicó que cavara un hoyo en la tierra y que le hablara al hoyo de mis pensamientos
negativos sobre la femineidad y el sangrado. Dijo que la tierra
transformaría
la energía negativa que yo sostenía alrededor de mi naturaleza
femenina. Me sentí bastante tonta, pero de todos modos lo hice
y me sorprendió descubrir cuántos malos sentimientos acerca
del ser mujer acechaban dentro de mi mente feminista altamente
educada.
Este ejercicio fue doloroso pero muy eficaz.

Comencé a ver mi sangre con reverencia más que con miedo, disgusto o indiferencia.
Para ese entonces ya no usaba tampones, así que comencé
a mirar mi sangre apropiadamente cada mes, en lugar de verla en un
desagradable
tampón. Vi que era clara y roja, y algunas veces más oscura
y con coágulos. Si en verdad liberaba mi visión, entonces
podía ver que estaba llena de vida, llena de magia, llena de
potencial.
Comencé a sentir gozo al pensar en mi sangre, en ser mujer, al
pensar que después de todo había algo extraordinariamente
mágico y misterioso en habitar un cuerpo femenino. El resentimiento
que había sentido durante mi adolescencia por haber nacido mujer
y la convicción de que los muchachos eran mejores, palidecieron
y fueron reemplazados por una creciente sensación de maravilla
frente a las complejidades, posibilidades y profundidades ofrecidas
por
el ciclo mensual.

Comencé a tomarme tiempo para descansar, meditar y simplemente estar conmigo durante
los días de mi período. Me di cuenta de que entonces era
particularmente capaz de reflexionar, y que dichas reflexiones eran de

una naturaleza sin tiempo. Sentí que me estaba conectando con alguna
antigua y vasta fuente de sabiduría femenina, simplemente con sentarme

quieta y escuchar mientras sangraba. Tomarme ese tiempo durante mis
menstruaciones
creó una relación muy diferente con mi cuerpo. Mi salud
mejoró y poco a poco los cólicos que había sufrido
durante la mayor parte de mi vida se mitigaron, y mi período se
volvi&o un tiempo de placer más que de dolor.

Estaba comenzando a quererme a mí misma verdaderamente. Por supuesto que uno no puede
obligarse a hacer esto, del mismo modo que uno no "hace" que otra
persona
lo quiera a uno. Comenzó a suceder de manera muy gradual, y mucha
gente que se atravesó en mi vida me ayudó a ver con más
claridad. Pero lo importante al principio fue el conocimiento de que
la
menstruación es una fuente de poder. Esta invaluable pieza de
información,
junto con el fuerte instinto que tenía acerca del poder del útero,
transformaron mi profunda y en su mayor parte inconciente falta de
autorespeto.

Pensar en la menstruación como una fuente de poder para las mujeres iba
completamente
en contra de mi condicionamiento, y sin embargo sabía en mi corazón
que era verdad. Me di cuenta de que había muchísima energía
en la dicotomía entre lo que nos enseña nuestra cultura y mi reacción
instintiva de "¡Claro que sí!" a esta sabiduría ancestral.
Cuando se localizan los puntos donde la cultura se separa de una
verdad
natural, se habrá encontrado una llave, un pasaje hacia las
enfermedades
de dicha cultura. Comencé a entender que la hendidura entre la
sabiduría y el poder de la menstruación que yo estaba percibiendo
y las actitudes de la sociedad moderna con respecto al útero, se
situaba en el corazón de la subyugación y la negación
de la realidad y la experiencia femeninas.

Para muchas mujeres, la raíz de su infelicidad yace en la dolorosa relación con
los procesos de ser mujer. Las mujeres son entrenadas para esconder a
cualquier costo el hecho de que menstrúan. Las manchas de sangre
en la ropa constituyen una horrible vergüenza. Nadie dice nunca: "No
quiero
ir a trabajar o a la fiesta porque estoy menstruando", a menos de que
se sienta enferma por ello y en ese caso por lo general dirá que
tiene dolor de cabeza o un problema digestivo.

Cuando el útero y la menstruación son vistos únicamente como una incómoda
necesidad biológica, la autoestima de las mujeres es
correspondientemente
baja. Nosotros somos nuestros cuerpos, y no podemos realmente amarnos
en lo profundo de nuestros corazones si no amamos nuestros cuerpos
sinceramente.
Y no amas tu cuerpo si te sorprendes diciendo "¡Oh, no! ¡Me
bajó la regla!"

En el siglo XIX, la menstruación era vista por los médicos como un signo
más de la inferioridad y debilidad de las mujeres. Sin embargo,
por lo general hay al menos un chispazo de verdad en cualquier
ideología,
y los médicos de la era Victoriana no estaban completamente
equivocados
cuando señalaban la importancia de la menstruación con respecto
a la salud general de las mujeres, de la relación entre útero
y psique, o de la cordura de descansar durante los períodos. Hemos
tendido a rechazar todo esto porque nos recuerda el tiempo en que las
vidas de las mujeres estaban más controladas por los hombres, y
porque revive los viejos argumentos que mantuvieron a las mujeres
atadas
a la casa y sin ingerencia en el mundo exterior. También hemos
rechazado con bastante razón la idea de que los procesos naturales
de ser mujer constituyen una enfermedad. Pero decir que algo no es una

enfermedad e ignorarlo por completo no necesariamente son la misma
cosa.
Al ignorar la menstruación como reacción a las ideas de
la era Victoriana, quizás hemos perdido contacto con un persistente
hilo de conciencia de su valor en la vida de las mujeres.

Los cambios que han tenido lugar en la vida de las mujeres durante los últimos
treinta años podrían parecer una revolución, pero en muchos
casos han sido más bien una asimilación. Las mujeres que
buscan poder en un mundo masculino han tenido la tendencia de hacerlo
convirtiéndose en pseudo-hombres. Y quizás inadvertidamente
el feminismo ha desempeñado un papel en la supresión de la
menstruación.
Uno de los miedos más grandes que he encontrado en mujeres exitosas
y ambiciosas cuando hablo de las ideas antiguas del poder de la
menstruación,
es que esto afecte de algún modo su mito de ser "tan buenas como
los hombres y a veces mejores". Muchas mujeres no quieren profundizar
en el tema de la menstruación, asustadas de lo que pudieran descubrir.

Les parece mejor suprimir sus sentimientos con tranquilizantes,
rociarse
con desodorantes vaginales para disfrazar el olor de la sangre,
anestesiar
su dolor con químicos, y absorber su sangre con tampones de modo
que no tengan que verla. Es más fácil ser una mujer exitosa
en un mundo de hombres si apenas reconoces que menstrúas.

La tecnología de la supresión —tampones, desodorantes vaginales, calmantes
sofisticados y drogas antidepresivas— ha actuado junto con el mito de
la supermujer para crear una actitud cultural predominante de que una
mujer menstruando no es diferente de la que no menstrúa. El problema
con todo esto es que simplemente no es verdad. Cualquier mujer
remotamente
en contacto con su cuerpo sabe que cuando está menstruando, y por
lo general días antes, se siente distinta. Y éste es un
hecho de la naturaleza que no puede ser negado.

Uno de los aspectos de la menstruación que ahora amo y aprecio es la predecible
imposibilidad
de predecirla. Una nunca sabe cuándo vendrá exactamente
y algunas veces te toma completamente por sorpresa. Y no sólo no
toma en cuenta los horarios sino que además es un lío. Tratamos
tanto de ordenar y hacer sanitaria la vida moderna que corremos el
riesgo
de que no quede vida en nosotros. Las menstruaciones nos salvan de ese

destino —son un aspecto salvaje y primitivo, crudo e instintivo,
sangriento
y eterno de lo femenino— y ninguna cantidad de "civilización" cambiará

eso. Mi período es un acontecimiento mensual en mi vida que tengo
en común con todas las mujeres que han vivido. Las mujeres que
vivían en cuevas hace 20,000 años, las sacerdotisas en las pirámides
del antiguo Egipto, las videntes de los templos de Sumeria: todas
ellas
sangraban con la Luna. La primera mujer que produjo el fuego pudo
haber
estado menstruando en esa ocasión. Eso es algo en qué pensar.
Si la menstruación es un tiempo altamente creativo para las mujeres
en el aspecto psíquico y espiritual, quién sabe cuántos
regalos habrá recibido la humanidad de las mujeres durante sus
períodos.

El valor que asignamos a la menstruación tiene correlación directa con
el valor que nos asignamos como mujeres. Y esto afecta a los hombres
también.
Pensamos que los sexos están separados, y de algún modo
así es. Pero por otro lado todos somos parte de la misma gran sopa
humana, y el modo en que las mujeres se ven a sí mismas y son vistas
afecta también a los hombres. Tal pareciera en la superficie que
los hombres han tenido la ventaja durante los pasados varios miles de
años, pero eso es verdad sólo desde cierta perspectiva. Tanto hombres
como mujeres han sacado provecho y han sufrido por los desequilibrios
de la sociedad patriarcal. También los hombres han sido separados
de sus cuerpos y de sus sentimientos, y del placer y curación que
son posibles cuando se dan relaciones basadas en la cooperación
más que en la jerarquía y la dominación.

Imagina un mundo en el que hombres y mujeres trabajen juntos para desarrollar el
sentido
de paz interna que se produce al sentarse quieto un par de días
al mes; un mundo en el que los hombres apoyen a las mujeres para que
pasen
algunos días en calma y silencio; un mundo en el que la sangre
menstrual sea otra vez un fluido mágico con el poder de nutrir
la vida nueva; un mundo en el que la menstruación sea entendida
como el Sabbath de las mujeres —un espacio natural dentro de un ciclo
lunar para el retiro, la introversión y el trabajo interno; un
mundo del cual las mujeres emerjan como la misma luna nueva, renovadas

y mudadas de la vieja piel.

Hace algunos años tuve la oportunidad de pasar largas temporadas sola en un lugar
hermosos
en las Sierras a orillas del Lago Tahoe, un lugar vasto y azul sagrado

para los Indios. Comencé a retirarme por completo cuando tenía
mi período, quedándome quiera y sola, sentada en la tierra
bajo el sol, con lagartijas y grajos azules como compañía, con
el viento y la luna y el sol, las ondas y los colores de la superficie

del lago guiándome y entreteniéndome. Viajaba dentro de
mi psique y me encontraba repentinamente llorando por algo olvidado
hace
mucho, algún suceso de mi niñez o adolescencia. Mi período
se volvió un tiempo en el que era particularmente capaz de abrirme
al material psicológico y a soltar emociones. Noté que después
de los primeros días de sangrado me quedaba muy quieta y callada
durante aproximadamente un día, y aparentemente no sucedía
nada - un espacio vacío después del llanto y los recuerdos.
Luego, conforme mi período terminaba, había varias horas
de claridad en las que era particularmente creativa y abierta a
información
acerca del futuro —por lo general del mes siguiente, pero a veces más
adelante aún.

Este patrón continúa, aunque usualmente es menos intenso hoy en día.
Gran parte de los embrollos psicológicos que guardaba profundamente
han sido soltados —probablemente tanto como mi psique quiere hacerse
cargo
en esta etapa de mi vida. Ahora me siento más actualizada conmigo
misma, así que hay menos cosas que soltar, por lo general son
simplemente
cosas a las que me he aferrado durante el último mes. Todavía
lucho con el tiempo vacío y a menudo comienzo a hacer cosas,
imaginando
que no está sucediendo nada internamente, sintiendo que sería
mejor regresar a mis actividades en el mundo externo. Con frecuencia
esto
tiene repercusiones y encuentro que logro muy poco y gasto mucha
energía.
Es difícil sentarse quieta cuando no surge nada en qué trabajar,
me es difícil honrar ese vacío aunque sé que precede
a la creatividad, la inspiración y la percepción interna.
Todo es parte del proceso, pero se trata de una parte sin dramatismo y

aún tengo la tendencia de tratarlo sin miramientos.

No suelo practicar la meditación todos los días. Prefiero ajustar mi tiempo
de contemplación a mis propios impulsos. Cuando tengo mi período,
a menudo entro en un espacio callado, solitario y meditativo durante
tres
o cuatro días, y luego mucho menos frecuentemente el resto del
mes. Siento esto como un ritmo muy natural para mí, y es por eso
que considero el tiempo de sangrado como el Sabbath de las mujeres.

Sangrar en la Tierra

Tradicionalmente, las mujeres Nativo Americanas acudían al recinto de la luna mientras
menstruaban y sangraban sobre musgo, sentadas en la tierra. Consideran

que la relación entre las mujeres y la tierra es de suma importancia,
y dicha relación es nutrida mediante sangrar en la tierra. Cuando
las mujeres hacen esto tienen una conexión celular directa con
la tierra, lo cual las ayuda a centrarse y a "hacer tierra".


La primera vez que escuché la idea de sangrar en la tierra de una amiga mía,
pensé que sonaba un poco tonto, un poco pretencioso. Pero comencé
a hacerlo tentativamente, y empecé a sentir un vestigio de conexión
con algo muy antiguo. Uno de los problemas que tuve fue averiguar cómo

hacerlo. Las mujeres nativo Americanas solían sentarse sobre musgo
en la casa de la luna. ¿Dónde se suponía que debía
sentarme a sangrar? Aún si encontraba un buen pedazo de tierra
donde sentarme, no quería quedarme ahí todo el tiempo. Entonces
comencé a usar almohadillas de tela para absorber mi sangre, las
que remojaba en agua antes de lavarlas. Me di cuenta de que podía
verter el agua de remojo en la tierra, así que eso es lo que hago
ahora. El agua es de un hermoso color rojo, y la vierto en la tierra
alrededor
de las plantas. Este acto me llena con un sentimiento de conexión,
de propiedad, de estar en paz con algo que a menudo es hecho a un lado

en la vida moderna. Actos simples de valor, sabiduría simple.


Es como cortar leña, arrullar a un bebé, hornear pan o beber de un riachuelo
silvestre.
Es uno de esos actos de ser un ser humano que está fuera del tiempo,
que tiene un valor eterno, parte de estos continuos giros de vida y
muerte.
Las células que mueren en mi cuerpo y que son transportadas en
la sangre menstrual, son alimento para la tierra. Lo que muere da a
luz.
Lo que muere alimenta a quienes viven y habrán de vivir.

Si ignoro mi sangre me distancio de este conocimiento. Temo a mi sangre y me
desagrada
—pues si desconozco que también es alimento, que también
es un regalo que yo porto, entonces la veo como mera pérdida. Un
desperdicio de sangre, un desperdicio de tiempo, un bebé que no
fue concebido. Ya sea que desee un embarazo o no, mi sangre es siempre

un regalo. Y es un regalo en el sentido literal, así como un regalo
psíquico para mí misma. Es un regalo de mi cuerpo a la tierra:
la madre que me ha alimentado y nutrido cada día de mi vida.




© Lara Owen

Bibliografía:
"Daughters

of Copper Woman", Anne Cameron, Press Gang 1981
"Blood Magic", Buckley & Gottlieb eds., University of California
1988
"The Once & Future Goddess", Elinor Gadon, Harper & Row 1989
"The Woman's Encyclopedia of Myths & Secrets", Barbara Walker,
Harper
& Row, 1983


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Comentario de FrugîvoroTao Solar Infinito el junio 12, 2010 a las 9:38am
Primeramente se despertó el interés de todos, al encontrar a una muchacha en un campo de veraneo naturista, que él conducía en aquel entonces. Esa joven era más estricta en su dieta que las otras, quienes comieron la dieta regularmente cocinada incluyendo, huevos, leche y queso; ella preparó sus propias comidas a base de frutas y verduras en forma de ensaladas y vivió exclusivamente de esta manera. Bien pronto se tornó distinta a las demás mujeres del campo; era extremadamente rosada y su vigor igual al de los hombres de su edad. Participó en todos los deportes masculinos, mientras que sus compañeras gastaron su tiempo en el pórtico platicando y tejiendo crochet. En contra de la costumbre popular de que es peligroso tomar baños generales fríos en tiempo de la menstruación, porque disminuye la hemorragia o acaba con ella, ella los usó y con gran beneficio. Más tarde esta mujer fue administradora de una de las empresas más ricas, y una de las escritoras más sobresalientes en cuestiones de alimentación en los Estados Unidos.

Casi al mismo tiempo el escritor encontró a otra mujer joven, quien le refirió que durante un año había usado solamente frutas y vegetales crudos, y que el flujo menstrual había desaparecido en todo ese tiempo, volviendo a aparecer cuando comió carne. Una amiga de ella empezó con la misma dieta y llegó a la misma conclusión, pero tuvo en cuenta la superstición popular de que la ausencia de la menstruación es perjudicial y acudió al médico alópata para producir el flujo con drogas; prácticamente tan dañina e irracional, que ocasiona enfermedades duraderas y a veces la muerte.

El Doctor Arnold Ehret alega que ambas, la menstruación y la leucorrea se deben a una intoxicación de la sangre, resultado de una dieta de carne y mucha proteína. Él observó que cuando la mujer tiene una dieta vegetariana de pocas proteínas, una dieta sin moco (amucosa) , como él dice, desaparecen la menstruación y la leucorrea: "Si el cuerpo de la mujer es perfectamente limpio por medio de esta dieta, la menstruación desaparece ".
http://www.temadictos.com/4677044789-sistema-curativo-por-dieta-amu...

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